Tinto, perico, café con leche: qué taza para cada uno
En Colombia el café tiene varios nombres y cada uno llega con su propia taza. El tinto se toma en pocillo; el perico pide una taza mediana, ni grande ni chiquita; y el café con leche del desayuno se sirve en algo ancho y generoso. No es manía de abuela: el tamaño y la forma de la taza cambian la temperatura, el aroma y hasta el ritmo de la mañana. Esta es nuestra guía para ponerle la taza justa a cada café.
El tinto: pocillo pequeño, boca pequeña
El tinto es el café colombiano por excelencia: negro, cargado y caliente, para beberlo lento. Por eso su casa natural es el pocillo: pequeño, de boca angosta, que se sostiene con una mano mientras la otra sigue con el periódico o la conversación. En nuestra tienda tenemos un pocillo de porcelana con peces azules que parece sacado de una alacena de pueblo: ese azul de loza antigua le queda bien al tinto de la tarde y también a una aromática antes de dormir.
Si prefieres algo más contemporáneo, una taza de cerámica japonesa pequeña cumple el mismo oficio: cerquita de la mano, sin vueltas. El truco está en el tamaño: para el tinto, mientras más chiquita la taza, mejor se conserva la costumbre de tomarlo a sorbitos.
El perico: taza mediana, leche apenas
El perico — el café con un chorrito de leche, más tinto que leche — es el puente entre el tinto puro y el café con leche. Pide una taza mediana, de unos 200 a 280 ml, que no se quede corta ni se desborde.
Para el perico de la tarde nos gusta la taza de vidrio doble pared de 280 ml: se ve el color de la bebida, esa mezcla entre el negro del café y el blanco de la leche, y el vidrio doble le da un aire delicado a la sobremesa. La taza de vidrio texturizada también funciona bonito: el relieve se siente en los dedos y le pone textura al momento.
El café con leche: taza grande y ancha
El café con leche del desayuno es otra escena: se sirve caliente para empezar el día y acompaña el pan, la arepa o el huevo perico (sí, el mismo nombre del primo del tinto, pero ese es otro cuento). La taza ideal es grande, de 300 ml para arriba, y ancha, para que quepa el pan mojado si eso te gusta, o la espuma de la leche si la bateas.
Nuestra taza de gres blanca para café y té es la justa para esa escena: amplia, de cerámica que pesa en la mano y aguanta el ritmo de la mañana. Y si quieres subir el nivel, el mug de cerámica negra con detalles dorados le pone un toque de gala al desayuno de los domingos — también queda divino para regalar.
El café de filtro: taza para ver el color
Si lo tuyo es el café de filtro o de métodos — la greca, la prensa o la dripper — la taza también importa. Ese café tiene cuerpo y un color que se aprecia; por eso las tazas de vidrio transparente son las consentidas de esa parada.
El dripper de cerámica negra con soporte arma el rito completo en la mesa y el café cae directo a la taza. Una cuchara cafetera negra para revolver con calma y, si quieres, un dosificador con embudo para medir los granos sin reguero. La sobremesa queda lista.
La regla rápida de la abuela
Para que no se te olvide:
- El tinto: pocillo pequeño, de boca angosta.
- El perico: taza mediana, de unos 200 a 280 ml.
- El café con leche: taza grande y ancha, de 300 ml o más.
- El café de filtro: taza de vidrio, para verle el color.
Para cerrar
En nuestra tienda encuentras pocillos, tazas de gres, tazas de vidrio y accesorios para armar la ronda de café completa, con o sin visita. Y si el café no es lo tuyo, la misma taza sirve para el chocolate, el agua de panela o el té de las onces: lo importante es que la taza sea tuya y que la bebida se tome con calma.


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